Tuesday, August 21, 2018

EFEMÉRIDES: 78 AÑOS DEL ASESINATO DEL JEFE MILITAR BOLCHEVIQUE LEON TROTSKY

Su biógrafo, Isaac Deutscher, a momentos de concluir su extensa obra en torno al jefe militar bolchevique que junto a Lenin cambiaran una parte del mundo en octubre de 1917, interpreta que el líder de la  Cuarta Internacional Comunista supone ya el asecho de la maldita parca, más cercana que nunca. Era  febrero 27 de 1940, instalado en una casa del barrio de Coyoacán, luego de dejar la “Casa Azul” residencia de Frida Kahlo y Diego Rivera (su primer hospedaje), Lev Davidovich Bronstein (Trotsky)  comienza a escribir su testamento, donde fija cuestiones legales en torno a los derechos de autoría de su obra, auto escrito donde asegura que Natalia Sedova y Leon Sedov (Liova) son herederos  legítimos, este último, sin embargo, ya había sido asesinado.

En la mencionada biografía, Dav siente estar más precario de salud. Algunos días el ánimo no es el mejor, aunque intenta que su rutina no varié en cuanto a ciertos deberes cotidianos y de su propio trabajo, y escribe: “Mi alta (y cada vez más alta) presión sanguínea está engañando a quienes me rodean en cuanto a mi verdadero estado. Estoy activo y puedo trabajar. Pero el fin evidentemente está cerca”.

Su situación había cambiado lo suficiente, a más de 5 lustros del inicio del destierro de Trostky, primero con relegaciones al interior de la Unión Soviética, posteriormente la deportación a Turquía,  su tránsito por Europa, hasta que Lázaro Cardenas, presidente del México Revolucionario, le ofrece asilo político y es recibido por sus amigos comunistas en la ciudad del mariachi. 

Con los años post guerra civil, su vida y actuar político,  había sido objeto de odio de Stalín empoderado. Diezmada sistemática la vida de sus seres más cercanos y queridos, se podía escribir ya una larga historia de luto: a la fecha del atentado, sólo contaba con su compañera, su camarada en el amor y la lucha, y su nieto Seba, hijo Sergei. Dos años antes había sido asesinado en París (16 febrero, 1938), su hijo y lugar teniente Liova. Sergei, científico, quedaba recluido en un campo de concentración junto a miles de comunistas. Nina,  en 1928, muere por enfermedad incurable y Zina, la mayor de la prole, se suicida en Berlín en el año 33. 

Para el recordatorio importa destacar lo que Trotsky, algunos meses antes del asesinato, escribe como gesto de amor a Natalia:

“Además de la felicidad de ser un luchador por la causa del socialismo, el destino me dio la felicidad de ser su marido. Durante casi cuarenta años de nuestra vida común ella ha sido una fuente inagotable de amor, magnanimidad y ternura. Ha tenido grandes sufrimientos… pero yo encuentro algún consuelo en el hecho que también ha conocido días de felicidad”.

Así también, Trotsky está  testimoniando su razón de ser, sus fundamentos como ser humano: “Durante cuarenta y tres años de mi vida consciente he sido un revolucionario y durante cuarenta y dos años he luchado bajo las banderas del marxismo. Si hubiera de comenzar otra vez, trataría… de evitar tal o cual error, pero el curso general de mi vida permanecería inalterado. Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, por consiguiente, un ateo irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad no es menos ardientes, sino más firme hoy, de lo que era en mis días de mi juventud”.

Hace ya 78 años del asesinato de Trotsky. Como se sabe, sobrevivió un primer atentado en mayo del 40, asalto fallido perpetrado por militantes del Partido Comunista Mexicano, entre otros participantes David Alfaro Siqueiro. Para agosto, su asesino (Ramón Mercader) de manera sigilosa ya había logrado la confianza de la familia.  


Cómo ha quedado escrito y filmado para el cine, con un piolet, el español devenido en belga, agente sicario, ataca por la espalda a Lev Davidovich Bronstein (Trotsky). Poco antes de recibirlo a la mañana de ese 21 de agosto, había dado de comer a sus conejos junto a Seba su nieto, revisado algunos documentos por publicar y conversado acerca del porvenir con su compañera. Sin embargo, la sentencia estaba dictada y la fuerza del revolucionario, diezmada: muere ese día por la tarde, en un hospital del DF.

Wednesday, April 05, 2017

Candidatos Digitales

Candidatos digitales

Los candidatos digitales, son los que navegan “discutidos” en la red, aquellos presentados de un día para otro, instantáneamente, como el café sucedáneo. Estos nos tienen la temporalidad del pasado que los haya hecho proyectables, sólo tienen el tiempo, el tiempo electoral. Este devenir electoral es precisa su negación, lo atemporal, condición que se actualiza (update para un upgrade) cada vez en época de elecciones. Estas candidaturas digitales aparecen cada vez que los tiempos políticos electorales, atemporizan la política, un tipo de coyuntura reiterativa fundada por ese “cada cierto tiempo”. Cuando era obligatorio votar, esa ciudadanía vivía en una suerte de coacción automática. Hoy, liberados a la voluntariedad del voto, la coacción da paso a la política digital de la pulsión, ahora la ciudadanía sometida al deseo, paso superior de la política del espectáculo, puesto que, podemos participar de éste, desde la redes sociales, y de manera instantánea, como cuando el café sucedáneo, se disuelve en la taza en el desayuno cotidiano.

Los candidatos digitales no razonan. A cambio, manejan información y apelan por ello, al mundo de la transparencia. Su narrativa ha sido entrenada por ya varias décadas, trasformando el discurso político en formas de 140 caracteres, “tip" (Dato o pista que sirve para aclarar algún asunto o resolver un problema: Google)  u otros dispositivos pulsionales. Porque los asuntos se aclaran transparentemente con la información obtenida y procesada, ya nos de discuten, porque el tiempo de la aceleración y la transparencia, no da el tiempo, ni permite los recursos de la razón.

El mundo al cual nos referimos, precisamente porque o vivenciamos, no tiene contraste, no oculta nada, no cabe la binaria idea de la luz y la sombra. Es absolutamente luminoso, por decirlo de algún modo, la verdad ha sido masificada, cúmulos da datos e información a la vista de todas y todos. Poseer la información, sin digerirla, solo exponiéndola, es la manera de ingresar actualmente o mejor dicho, actualizadamente al sitio del poder. Pero allí, está la trampa: los candidatos digitales son la ilusión óptica de la imagen absoluta; son más real que los candidatos analógicos, porque ahora se pueden tocar, son en la gleba, allí donde estamos los otros y otras. No hay un muro entre “vos y yo”, ni una forma de mediación, tan sólo la mediatización que precisa la política del post mundo. Estos candidatos virtuales (en potencia) están tan cerca de su electorado digital que se deshacen en esa ilusión, porque el candidato de la sociedad de la información y las comunicaciones, se ha transformado en el “post postulante” y esté en el poder, que es el ejercicio de lo analógico, lo debe volver ha ese sitio donde la asimetría lo interpela, a fin de poder ejercer asumiendo la comunicación política, puesto que de otra manera, queda anulado por los círculos concéntricos de los que el poder se deja servir y se sirve.

La redes de la instantaneidad provocan la ilusión que, los juegos del poder, pueden jugarlos todas y todos. La cenicienta puede llegar al reino, puesto que ha encontrado el zapatito mágico y ha calado a la perfección en ese piececito azuloso de ganas de servir. Aunque al fin de cuenta, será devorada por la infame realidad de todas las cosas mundanas, sobretodo, esas del reino de la política. 


Cuando los y las candidatos digitales aparezcan interpelados por la máquina mediática de la comunicación política asimétrica, se volverán humanos/as. Mientras tanto, en la red simétrica de la comunicación presentista, donde se ha desalojado toda forma de representación, expulsándose la mediación del político tradicional o del periodista (dos profesiones ya devastadas por los flujos de la red), podrán tener un lugar, estas/os postulantes, donde volver a hacer, sin poder ser del todo. Ya sabremos de sus imperfecciones, el proletariado informacional habrá ingresado al interior de sus fueros privados, interpelando la transparencia total; habremos deshecho los hogares, las familias de nuestros preferidos, en otra hora, candidatos digitales. El territorio de los subalternos, fragmentados en tantos grupos libres de opinar, añorarán un dedo que apunta mediatizadamente nuestras incautos aciones que expresan el deseo de más democracia. En ese momento, del otro tiempo político, traeremos a recaudo, ese ser político, de orden moderno donde se juega el juego del poder, pero ya no tendremos tiempo: porque ahora el tiempo, no necesita de historia, sólo necesita actualizarse, hasta el infinito.

Thursday, April 16, 2015

Círculos Concéntricos


Círculos Concéntricos

La madre de nuestro distinguido ex presidente, mostró su preocupación de manera inmediata diciéndole a su hijo “"Ricardito, cómo te metiste en esto. ¡¡Cómo vas a salir de aquí!!"”. Ricardo Lagos era ya el Presidente de Chile.

La que, con la responsabilidad de madre-padre dio su mejor esfuerzo para que Ricardo estudiara, sabía, más bien presentía íntimamente, que su único hijo podía llegar alguna vez a ser el Presidente de la República. O el Presidente del Senado, u otra presidencia de los poderes del Estado, Ministro (como lo fue), a lo menos podía ser un respetado funcionario con responsabilidades País.

Recuerdo a mi padre -recordándome no con menor ahínco-, la importancia de estudiar para “poder ser algo y alguien”. Y traía a colación de Don Juan Antonio Ríos, que teniendo un origen sencillo, habiendo estudiado en un liceo fiscal (Liceo N° 1 de Concepción Enrique Molina Garmendia), pudo alcanzar la primera magistratura del país. Eso pensaba mi padre, por lo que supongo, así como la madre de nuestro ex presidente, tenía la íntima ilusión que alguno de sus hijos podía obtener  importantes responsabilidades en el país.

Ciertamente no fue así. No sólo porque “las cosas no se dieron”, o la voluntad y motivación de sus hijos derivó a que prefirieran una vida lejana al “mundanal ruido”, sino porque, en la actualidad, las papas, se pelan de un modo distinto.

Es que el entramado del poder se ha complejizado. La democracia viene a ser un programa televisivo donde el casting, y los circuitos en torno a “los productores”, se ha protocolizado al modo de un Manual de Carreño, donde es necesario el manejo de ciertos códigos y formas de comportamientos, ciertas rutinas cotidianas, debiéndose estos sujetos a prácticas rigurosas y relaciones en círculos concéntricos (“Los objetos concéntricos comparten el mismo centro, eje u origen”, en: Wikipedia.org)
Quienes no están en esas lógicas, devienen en pasivos e indignados transeúntes cotidianos, alejados de toda disputa, socialmente deprimidos, asqueados y malhumorados; habitan en un extenso subterráneo, donde miles y miles de personas saben que existe una democracia gobernada por unos cuantos que, piden que cada 4 años, subamos por ascensores hacia los locales de votación a dejar impresas nuestras fantasías e imaginarios de una sociedad mejor.

La pirámide del poder, se ha erguido al límite de que toca el cielo; allí donde los ángeles, querubines “miguelangelicales”, muestran sus signos, hacen desplieguen de sus maneras, a través del evento de la democracia 24 x 12 que a través del  sistema audiovisual, los pone a gobernar. Una democracia mediatizada que  corresponde precisamente  al nivel alcanzado por  la propia historia de la mediatización; delimita sus círculos, depura sus actores, conviene sus agendas, realiza sus metas, propiciándoles sentidos de logros que afectan a esta “sociedad de todos”, pero que tienen a la base la conciencia  autoreferida, endogámica y hedonista.

El día que nos enteramos de que el casting estaba ya “cortado”, y que a esa escena sólo entran los hijos de los actores, sus cónyuges, los más cercanos familiares y la red de amigos del productor y sus colegas, pude entender finalmente, algo que desde niño nunca me quedó claro: qué eran “los  círculos concéntricos”.

Leonel Yáñez Uribe

Periodista, profesor e investigador en comunicación y cultura. 

Wednesday, April 15, 2015

Círculos Concéntricos

Círculos Concéntricos

La madre de nuestro distinguido ex presidente, mostró su preocupación de manera inmediata diciéndole a su hijo “"Ricardito, cómo te metiste en esto. ¡¡Cómo vas a salir de aquí!!"”. Ricardo Lagos era ya el Presidente de Chile.

La que, con la responsabilidad de madre-padre dio su mejor esfuerzo para que Ricardo estudiara, sabía, más bien presentía íntimamente, que su único hijo podía llegar alguna vez a ser el Presidente de la República. O el Presidente del Senado, u otra presidencia de los poderes del Estado, Ministro (como lo fue), a lo menos podía ser un respetado funcionario con responsabilidades País.

Recuerdo a mi padre -recordándome no con menor ahínco-, la importancia de estudiar para “poder ser algo y alguien”. Y traía a colación de Don Juan Antonio Ríos, que teniendo un origen sencillo, habiendo estudiado en un liceo fiscal (Liceo N° 1 de Concepción Enrique Molina Garmendia), pudo alcanzar la primera magistratura del país. Eso pensaba mi padre, por lo que supongo, así como la madre de nuestro ex presidente, tenía la íntima ilusión que alguno de sus hijos podía obtener  importantes responsabilidades en el país.

Ciertamente no fue así. No sólo porque “las cosas no se dieron”, o la voluntad y motivación de sus hijos derivó a que prefirieran una vida lejana al “mundanal ruido”, sino porque, en la actualidad, las papas, se pelan de un modo distinto.

Es que el entramado del poder se ha complejizado. La democracia viene a ser un programa televisivo donde el casting, y los circuitos en torno a “los productores”, se ha protocolizado al modo de un Manual de Carreño, donde es necesario el manejo de ciertos códigos y formas de comportamientos, ciertas rutinas cotidianas, debiéndose estos sujetos a prácticas rigurosas y relaciones en círculos concéntricos (“Los objetos concéntricos comparten el mismo centro, eje u origen”, en: Wikipedia.org)
Quienes no están en esas lógicas, devienen en pasivos e indignados transeúntes cotidianos, alejados de toda disputa, socialmente deprimidos, asqueados y malhumorados; habitan en un extenso subterráneo, donde miles y miles de personas saben que existe una democracia gobernada por unos cuantos que, piden que cada 4 años, subamos por ascensores hacia los locales de votación a dejar impresas nuestras fantasías e imaginarios de una sociedad mejor.

La pirámide del poder, se ha erguido al límite de que toca el cielo; allí donde los ángeles, querubines “miguelangelicales”, muestran sus signos, hacen desplieguen de sus maneras, a través del evento de la democracia 24 x 12 que a través del  sistema audiovisual, los pone a gobernar. Una democracia mediatizada que  corresponde precisamente  al nivel alcanzado por  la propia historia de la mediatización; delimita sus círculos, depura sus actores, conviene sus agendas, realiza sus metas, propiciándoles sentidos de logros que afectan a esta “sociedad de todos”, pero que tienen a la base la conciencia  autoreferida, endogámica y hedonista.

El día que nos enteramos de que el casting estaba ya “cortado”, y que a esa escena sólo entran los hijos de los actores, sus cónyuges, los más cercanos familiares y la red de amigos del productor y sus colegas, pude entender finalmente, algo que desde niño nunca me quedó claro: qué eran “los  círculos concéntricos”.

Leonel Yáñez Uribe

Periodista, profesor e investigador en comunicación y cultura. 

Saturday, June 21, 2014

Los otros somos nosotros mismos

Los otros somos nosotros mismos

Puestos en una escena que se repite en todos los noticieros, convertidos ahora en bárbaros, quién sabe si mi vecino y el hijo de él, otrora ciudadano normal, minutos después de ganarle Chile al campeón mundial, fue convertido en todo aquello indeseado, social y culturalmente.

Ochenta y ocho chilenos desconocidos, que se trasladan a través del “espacio público expandido” hacia el centro del fútbol global, localizándose como entusiastas hinchas en Río de Janeiro, son sorprendidos en pleno despliegue de su propia pasión y entusiasmo: las imágenes los hacen ver como simples garras bravas, garreros y bullangueros, ahora vestidos de rojo.

Ese posible vecino y los otros, serán deportados en algunas horas más. Transformados en parias, no pueden siquiera aspirar a ser Persona Non Grata. Su propio centro local -ya no el centro del fútbol global- los espera para marcarlos, y de seguro, no podrán hacer ingreso a un recinto deportivo a presenciar futuros encuentros de su equipo, cada fin de semana.

Es que vivimos en esta “sociedad del riesgo” y ya no sabemos qué nos depara ese publicitado futuro del que somos dueños, donde tanto entusiasmo te puede jugar una mala pasada. Estos chilenos que viajaron a la justa universal de gladiadores, parecen ser como los encapuchados de las marchas de la protesta por la reforma de la educación, están presentes a toda hora, en las escenas del drama periodístico de la televisión nacional, apuntados por el orden de la sociedad del ansia.

El ahora llamado “deterioro del hincha” a los 88 los ha calzado; de un segundo a otro, parece que ese casi centenar de chilenos (se ve que no hay una chilena) muta de “barra turista” globalizada a “winner”, flaite, pulento. La marca de la autoridad los ha suspendido. Ese acto involuntario, en tiempos donde ya no hay más mora, los transforma en esos “otros” y son “deportados” del mundial.

Mi posible vecino, migrante transitorio del espacio global del fútbol, es sorprendido, suspendido y caratulado como uno de los 88 delincuentes. Situado en el lugar de la maldad intrínseca, exclusividad guardada para todo aquel que se desvía, los otros ahora somos nosotros mismos, dice mi vecino, de vuelta en su casa.

Leonel Yáñez Uribe
Periodista
Director Magíster Comunicación y Políticas Públicas
Escuela Latinoamericana de Estudios de Postgrado

U. ARCIS

Friday, November 23, 2012


Qué se imaginan los Jóvenes: de las mutaciones culturales a la cotidianidad vivida.

Leonel  Yáñez
Periodista.

Más de un tercio de la población se siente y es joven. Su modo de ser difiere de nuestra ya desbordada juventud. Quienes fuimos los jóvenes de la Generación de los Ochenta, compartimos una identidad imaginada. Esta tuvo anclaje en un momento histórico donde la violencia se ejercía simbólica y materialmente. También un anclaje puesto en la pérdida de la niñez, vivida al interior de unas familias que imaginaban colectivamente un mundo mejor.

Por ello la pregunta que me hago: qué se imaginan los jóvenes. Y para responderla, recurro a una meta pregunta que me puede conducir a discifrar el enigma que me autoconvoca: Imaginario: uso social de las representaciones e ideas que la gente tiene de lo que acontece y que los vincula o los aparta, toda vez que se produce el intercambio en el contexto de lo que podemos llamar la comunicación social.

Aguilera, Oscar dice en sus trabajos que, a la juventud le han puesto unos marcos por donde debe bailar o sencillamente rebelarse: la juventud debe ser obediente, debe ser auténtica y al mismo tiempo, es relegada a un lugar donde carece de posibilidades que la habilite como sujetos. “La juventud no tiene voz” (Aguilera; 2012).

Es decir, carecería de discurso, o es desoída. Entonces: ¿qué se imaginan los jóvenes?

Nosotros, los jóvenes de ayer, hace ya treinta años, imaginábamos un país sin Pinochet. Imaginábamos encontrar a los detenidos desaparecidos. Imaginábamos asistir a un concierto del Inti Illimani junto a Silvio y Pablo. Imaginábamos terminar nuestras carreras e incluso imaginábamos trabajar y compartir con la mujer de la vida y hasta ser padres. También imaginábamos que un equipo chileno volviera a ganar la Copa Libertadores de América. También, con los amigos, conversábamos de lo que imaginábamos. Algunos también soñaban.

Un país sin jóvenes es inimaginable. Un país que no imagine que éstos son rebeldes, cuestionadores, es un país iluso. Desde hace algunos años, más precisamente los últimos 20, lo hemos sido. Nos convencieron que era mejor callar. De ese modo, nuestra imaginación, madura y curtida, fue apagándose. Dejamos de imaginar que podíamos ser una sociedad más democrática. Empecé a imaginar en comprarme un auto, en comprar una casa, en pagar el colegio a los niños y en dar la vuelta al mundo. Esta última imagen me gusta: dar la vuelta al mundo. Dejamos de imaginar que, los sueños se conversan, y la vida se comenta. Dejamos de conversar y se nos vino encima lo inimaginado. Ahora sorprendido me pregunto otra vez: ¿qué se imaginan los jóvenes?

Porque el “dominio del imaginario colectivo se funda en la identidad de principios con las comunidades de sentido, que forjan las líneas de influencia en cada coyuntura” (Denis de Moraes; 2007). A lo menos, entonces, lo que imaginan los jóvenes pareciera plantear una ruptura con el modelo hegemónico, con lo que ha liderado cultural e ideológicamente la sociedad chilena las últimas dos décadas: la ruptura con los valores de la dictadura, fue más bien un simulacro de un real imaginado. Y hoy, las mutaciones culturales, observadas en las nuevas generaciones, contrastadas con nuestras propias experiencias desde el haberlo sido, manifiestan que lo que imaginan aquellos que masivamente no concurrieron a votar (por citar un hecho contingente del que se habla), no es precisamente la imagen hegemónica consensuada desde las instituciones políticas y su sistema. Es ahí donde está la ruptura, en el seno mismo de lo que pensamos y deseamos. Un imaginario nuevo corroe, tropieza con uno de tipo inerte, perezoso, malgastado, ya viejo.

Los imaginarios operan como materia simbólica, idea fuerza, para alcanzar un acuerdo que, finalmente, termina por redefinir las cuestiones esenciales de una sociedad concreta: la dictadura así lo hizo, provocó una de las transformaciones socioculturales, políticas y sociocomunicativas más profundas desde que existimos como nación. Dejamos de ser lo que creíamos éramos y el pueblito “llamado Las Condes” dejó de ser esa promesa, porque sus habitantes cambiaron para no ver al forastero. A esa “revolución cultural” hoy, imagino, se le viene una que desde ya hace un año está poniendo en cuestión “las verdades” consensuadas en el Parlamento del Chile Actual.

Eso creo imaginan hoy los jóvenes: educación gratuita, salud digna y para todos, más y mejores espacios para la cultura, el deporte y la entretención. Acceso ilimitado a las nuevas tecnologías. Comunicación participativa y derecho a la expresión pública en los asuntos de interés de todos. Y como se imaginan todo ello, evidentemente ya no logramos reconocerlos y menos interpelarlos. Se hacen los sordos, no hacen caso y no van a votar, se comienzan a parecer a lo que alguna vez nosotros mismos imaginábamos que podíamos ser. Y mejor aún, están corregidos y aumentados. Marchan, son valientes. Están mutando, gracias al Dios y a los Mayas.

Friday, August 24, 2012



Vamos a decir que NO…

Dino Pancani Corvalán
Doctor © Estudios Americanos.


El estreno de NO, la película, pone al centro del debate la resistencia a la Dictadura militar, el enfoque está puesto en quienes apostaron por el término del régimen. La cinta revisa un período poco visitado desde el arte, las ciencias sociales y las humanidades. Un tiempo marcado por la lucha colectiva en contra de la derecha política y los militares que ostentaban el poder. Un relato cinematográfico puesto al servicio de la resistencia mediática y no en la persecución en contra de los opositores a Augusto Pinochet.

La principal novedad de la película es relatar el episodio que determinó la salida del Dictador, quien dejó La Moneda, pero no las estructuras de poder. Como botón de muestra, recordemos que siguió siendo Comandante en Jefe del Ejército y posteriormente Senador de la República.

El Plebiscito de 1988 permitió a la mayoría de los líderes que participaron de los gobiernos civiles, auto coronarse “constructores absolutos del retorno a la democracia” y a quienes se la jugaron por la continuidad del Dictador, autoproclamarse “paladines de la democracia”, ya que los militares y su diseño institucional, condujeron el pálido retorno a un sistema de gobierno cuyo look representa a las mayorías, pero su materialidad sigue representando a las minorías poderosas. La película no los cuestiona, los deja a todos en el mismo sitial.

Dicho lo anterior, creo necesario reflexionar sobre la posición del cineasta y su obra: NO, la película.

a) La elección de la temática es arbitraria, irresponsable, autónoma. Todo ello, le hace bien a la obra, es un proceso creativo que idealmente no debe tener ataduras, ni compromisos, se trata de alcanzar una independencia total.
b) Una obra audiovisual no puede representar todas las memorias que disputan la interpretación del pasado, pero puede ser inclusiva o excluyente.
c) La película es producto de la creación de un pequeño grupo que se propone contar una historia que, de la mejor manera posible, dé cuenta del mensaje propuesto por el equipo.
d) Se optó por el género de ficción, condición que entrega libertad narrativa a los realizadores, quienes pueden apartarse de los acontecimientos documentados y construir un relato sin tener que justificar históricamente su coherencia. En este caso, se usan las imágenes de archivo, las cuales ponen énfasis en los casi 25 años que nos separan del episodio contado. Por ejemplo: la secuencia donde aparece el ex Presidente Patricio Aylwin, como el hombre que alaba el actual gobierno y reivindica el supuesto rol
colaborativo de Augusto Pinochet en la consolidación democrática, lectura que hacemos desde el presente coyuntural, ya que es la imagen de un personaje que evidencia el paso de los años. Utilizando como herramienta una suerte de elipsis, el realizador nos invita a ver las imágenes que nos recuerdan al otro Patricio Aylwin, aquel dirigente demócrata cristiano olvidadizo de su pasado golpista, conciliador con las fuerzas de izquierda, ambicioso de ser la nueva autoridad de la República, quien emite una arenga a través de está franja.

Como resumen, podemos convenir que el Plebiscito permitió que Pinochet y sus amigos mantuvieran mucho poder durante los gobiernos transicionales, lo cual justificó una alianza entre un sector de los partidarios del No y los adherentes del Sí, quienes consensuaron reconocerse moderación mutua en el proceso que desplazó a algunos metros al Dictador: de La Moneda pasó a ocupar el edificio de las Fuerzas Armadas, a esta transacción, algunos involucrados le llamaron Razón de Estado.

Ahora, hablemos de la película.

El contexto que presenta la cinta no da cuenta de los matices que tenía la opción del No, diferencias que se expresaban a partir de la incorporación de dos palabras que representaban un cambio profundo en el diseño de la oposición: llamar a votar por el NO, era un camino para, por la vía de la negociación, alcanzar el retorno de la democracia en Chile.

Llamar a votar por el NO, hasta vencer, era una posibilidad que intentaba mantener independencia y radicalidad a la resistencia en contra la Dictadura, en donde el plebiscito era el comienzo de una nueva etapa en la lucha frontal contra Pinochet, idea que se desmoronó con el reconocimiento institucional del triunfo de la opción NO.

Hace algunos años, los alicaídos líderes del plebiscito fueron rememorados como víctimas conciliadoras en la película Dawson, Isla 10, cuyo relato se basa en la estadía del ex ministro Sergio Bitar en un campo de concentración, hoy se les da espacio a los vistosos publicistas (de la Concertación) para que desplieguen toda su creatividad y desde sus glorias pasadas traten de convencernos de ser los principales protagonistas de una gesta colectiva, excluyendo a otros actores y a la movilización social de los réditos del triunfo.
La cinta tiene un ritmo y una estética visual que conmueve, sus imágenes ripiosas le otorgan verosimilitud y proximidad a la historia, nos transporta a la atmósfera de aquellos años, a sus urgencias, sus contradicciones, sus miedos y dolores.

¿Qué tuvieron de especial los publicistas?. En el universo de la película, la historia presentada no es nimia, no es una pequeña anécdota, sino se le otorga indirectamente el valor de ser una franja cuya creación se “transformó en un tema de Estado”. Hay una sobredimensión de su efectividad y del aporte que realiza a la recuperación de la democracia.

Al protagonista, la temática social no lo conmueve: los muertos, los asesinatos, el hambre, la falta de libertad, entre otras consecuencias de vivir en Dictadura, no son una motivación para ponerse al servicio de las fuerzas opositoras. Aún cuando haya sido una víctima de la Dictadura, no asume el desafío como un acto cognitivo emocional, sino como una contienda que le permitirá vender un producto: el NO. El cambio de Dictadura a democracia es una ganancia que debe tener mayor aceptación sobre consumidores pasivos.
Se presenta la tensión entre una cultura política / social que pretendía poner al centro la vida como concepto, los derechos humanos, el hambre, la libertad, la verdad, y otra propia, la del mercado, en donde las ideas anteriores o se esconden o se banalizan.

“La alegría ya viene”, es la promesa de un abstracto, que tiene un doble significado: por una parte es el anhelo individual concreto de la gente, y por otra, tiene un alcance colectivo que se diluye cuando se produce el cambio propuesto. En el marco de la película, es la oferta de un profesional dedicado a la “venta”, a la persuasión, a generar modificaciones conductuales en función de un producto, cuya calidad y convicción no es superior a la competencia, se trata de una transacción sin garantía ni servicio de post venta. Dicho en vulgar, es la venta de una mejor pescada.

Aunque, no hay claridad desde de la cinta, si se mira desde el contexto de su producción, se puede entender cómo los políticos se vieron “forzados” algunos, y otros “seducidos”, por esta manera de entender y ejecutar la política. Con NO, la película, se puede identificar el punto de inicio que ha predominado en la mayoría de los partidos políticos: el discurso banal, la trampa de la publicidad, el impacto de los medios, la estética de la moda industrial, el ocultamiento de ideas, transforma a la política como un juego de lobbistas y burócratas.
La película termina con el “héroe”, solo, presto a iniciar una nueva campaña, con la satisfacción del deber cumplido, con la complacencia de haber dinamitado los cimientos de la política de las ideas y dar paso a la astucia de las apariencias.